Cuando miro atrás y veo todo lo que he aprendido en estos 30 años gracias a un accidente. ¿Casualidad o Causalidad?

en las redes encontré este texto que hoy quería compartir.

Revisando mi galería de fotos, encontré este texto que guardé hace un tiempo.
Me hizo pensar mucho y mirar mi historia.
Hoy me comparto un poco con vosotros.
Llevaba desde 1985 conviviendo con una parte de mi cuerpo que no me pertenecía. Tenía la herida curada, no iba ni podía olvidar el mensaje de esta cicatriz durante mucho tiempo, tanto tiempo como 23 años.
La belleza de la cicatriz, porque sí que comparto con Piedad Bonnet que las cicatrices son todas bellas. La mía sin más, me recordaba que salvé mi pierna. Pudieron retirar la necrosis a tiempo y no pasé por una experiencia aun más violenta como podía haber sido la amputación por la rodilla.
La belleza de poder seguir usando mis dos pies.
Y en aquel momento no era capaz de saber lo que esta experiencia me iba a marcar. Me guió hasta una pasión.
Ya no veía queloides, ni heridas mal cerradas, veía una historia, una particularidad de la historia de la persona, su camino de aprendizaje. Su adaptación al medio, su camino de vida y superación.Pero también he aprendido que no siempre les damos ni el tiempo ni el espacio para que se puedan expresar. Cesáreas, prótesis, apendicitis, corazón abierto…. muchas son las cirugías que tienen una urgencia de ser olvidadas.

La cesárea es de las más maltratadas. Cuando un parto termina en cesárea, no solo se corta el bajo vientre de la madre. Se rompen muchas ilusiones, expectativas, calidad sexual, capacidad de gozar y disfrutar los encuentros íntimos. Incluso en muchas mujeres me encontré que compartían un sentimiento profundo de vergüenza sin expresar, de sentían menos mujeres. Habían desconectado de su energía femenina, de la coquetería, seducción… y una gran desubicación de todo su proyecto de maternidad. Pero no habían podido ponerlo en palabras.
¿Como se iba a quejar? La familia, los parientes, los amigos, las compañeras de las clases de pre-parto….. ejercen tal presión para olvidar este “detalle” que solo se habla y se subraya que el bebé está vivo y que todo ha salido perfecto.
Con los años, porque solo es cuestión de tiempo, esta herida, que sigue abierta, va a reclama atención.
Toda sesión de Liberar Cicatrices en una cesárea termina regalando el cierre del parto.
Lo que he aprendido en estos años, es que ni el tiempo ni el espacio importan para seguir conviviendo con el dolor de la herida. El dolor no solo existe en el cuerpo físico. Interfiere en nuestras emociones, energía, espiritualidad, mental…
TODA cicatriz debe ser liberada por muchos años que hayan pasado. Siempre es un buen momento para cerrar heridas y liberar la cicatriz.
Una sensación compartida con la mayoría de las personas que he podido atender es esa falta de tacto, de frío, hipersensibilidad, de corcho… Así como no pertenencia, grima, rechazo, vergüenza. Cada persona encontraba sus sensaciones en estas palabras. Ya no era la única que sentía que la zona de la cicatriz no me pertenecía más.

Solo si has tenido alguna cirugía en tu cuerpo puedes haber tenido la sensación de que hay algo diferente en ti. A pesar de tener el alta médica. De que has pasado tus sesiones de rehabilitación y que te hacen creer que todo vuelve a la normalidad, no siempre sucede así.
Al principio incluso me sentía un poco incómoda al sentir que yo no me sentía recuperada, como si yo no me había dado el alta aún.
Mi pierna no respondía, mi sensibilidad al tacto era muy reactiva. También es verdad, que mi recuperación muscular avanzaba bien y pude reactivar mi actividad física en pocas semanas.
Pero fueron 23 años de convivir con un Aliens en mi pierna. Vivía tanto miedo, frustración, impotencia, rabia y muchas otras memorias en ese pequeño trocito de mi pierna.
Me puse a investigar, estudiar, preguntar y aplicar todo lo que tenía a mano. Fueron muchos errores pero también muchas sorpresas y logros. No puedo decir que fueron pocas sesiones, fue un camino muy enriquecedor que en poco tiempo me dieron la pista de lo que iba a ser mi pasión hasta el día de hoy.
Sin querer queriendo había encontrado un camino para integrar esa zona perdida detrás de la cicatriz.
Poco a poco volvía a completar mi anatomía. Mi pierna regresaba a mi cuerpo y un día me dí el alta. Ya volvía a tener mi pierna debajo de mi rodilla.
Me resulta complicado explicarlo, pero tuve la misma satisfacción de haber terminado un proyecto. Como cuando has logrado colocar la última pieza del puzzle de 1000 piezas.
Yo volvía a dirigir mi cuerpo, recuperaba el control de mi vida.